SantJordi aprendió mucho en ese curso de literatura comparada. Después del curso pudo ver diáfanamente cómo cuadraba todo en su vida. Todo era como en la mejor de las novelas. Su eterno rival, Luis, ahora convertido en amigo y escudero. Princesa en la ventana de la torre más alta. La amenaza coruscante de Dragón. Todo tan Gilgamesh, que parecía hecho a posta. Luego hizo aquel curso tan famoso de sociología del que todo el mundo hablaba. Le abrió los ojos y empezó a ver más allá de su propio ombligo. Ahora comprendía que las enseñanzas del herrero con la lanza no venían de un maestro ad hoc para la ocasión. El herrero era un ser complejo, con sus anhelos y sus frustraciones. Si sabía tanto de armas es porque él también querría haber sido caballero. Y sí, mal le pese, princesa no estaba en la ventana solo para él. Princesa había reprimido sus emociones durante demasiado tiempo por acatar el protocolo de palacio, y veía en SantJordi un mero vehículo para escapar de su aterciopelada prisión. Probablemente no estaba enamorada de SantJordi, sino de la imagen que ella tenía de él. Es una lástima que SanJordi no llegara a tiempo a cursar el curso de etología y herpetología. Pensaba hacerlo el próximo semestre, pero sus planes se frustraron la mañana en que Dragón lo pilló por sorpresa en medio del bosque y se lo comió de un solo bocado. Os aseguro que le hubiera venido de perlas ese curso para detectar las señales de un Dragón en celo merodeando por la zona. En fin, es curioso que a Dragón, sin haber estudiado nunca, le vayan tan bien las cosas.
29 abril, 2026
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