Pedro no habria sabido describir como se sentia, pero en ese momento estaba diviertiendose de forma aterradora. Puede parecer un oxymoron, pero Pedro conocia bien esa sensación. Lo sintio la primera vez a los tres años, cuando entro gateando en el cuarto de baño sin sus padres, y se quedo ahi, explorando la habitación en penumbras. Solo. Naturalmente Perdo no recuerda eso, pero sí recuerda aquel verano en la playa, a los 11 años, cuando salia a explorar en bici, y trepaba por los acantilados junto al mar jugando con los limites. Nada tenian de especial sus aventuras excepto que él era el protagonista, y siempre llevo consigo el reto en las manos y el desafio en el corazón. Eso y el conocimiento de que nadie estaba ahi para slavarlo. Hay un placer aterrador en saber que uno es amo de sus acciones. Si Pedro se pusiera a analizar este sentimiento, lo reconoceria tambien en esos dias cuando en vez de ir a la universidad se quedaba la mañana escribiendo poesia en el parque. Creo que nunca nadie supo que hacia Pedro cuando no iba a clase. Y esa era parte de la magia. Ese momento fluia entre la dificultad de encontrar la siguiente rima y la maestria acumulada con el tiempo de práctica. Por eso ese día, cuando llego al astillero se le alegro el corazón. Sintio en su pecho una diversión aterradora mientras se acercaba a su objetivo. Aunque él no reconocio esa sensación que lo habia acompañado tanto tiempo, y si acaso alguien le hubira preguntado, se habría limitado a definirlo como cosquillas en el estomago. Así que respiro hondo, se agacho y miro hacia atras inconscientemente, como comprobando que no habia nadie que lo salvaria si se equivocaba. Y feliz pero aterrado, empezo a desactivar la bomba.
01 febrero, 2025
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